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Pesimismo educacional y otro debate necesario.

(cc) Yerkom

 

Hace algunos días en el marco de la creación de un proyecto del CEI para el Fondo Valentin Letelier de la Vicerrectoría de Extensión de la Universidad de Chile tuve que viajar a algunas comunas de la zona rural. Dichas comunas son Lolol, Paredones y Pichilemu.

Más allá del análisis económico y político de las comunas, en Paredones el director municipal de educación nos comentó que existe un pesimismo académico por parte de los jóvenes ya que piensan que no tienen las herramientas para entrar al sistema superior (CFT, IP y las Universidades). Lo que hacía muy díficil ejercer la docencia.

Sinceramente  no me produjo gran sorpresa ya que el contexto es desfavorable para los estudiantes; el 75% de la población vive en zonas rurales, casi todos los alumnos deben internarse por la falta de transporte, la infraestructura comunal es muy limitada, etc.  La situación es aún más desfavorable  luego de que el mismo director nos indicara que aparte de los estudiantes, quienes son tanto o más pesimistas son los profesores; que con el paso de los años ya creen muy poco en sus estudiantes.

Según mi análisis esto responde a la estructura del sistema conductista de educación que aparte de ser arcaico lo que logra es que solo el que posee más herramientas de docencia extracurriculares (libros, acceso a cursos de reforzamientos, preuniversitarios, internet, padres profesionales, etc) aprende y obviamente avanza al sistema superior y quién no las posee se queda a medio camino.

Obviamente al percatarnos del pesimismo de los profesores de las zonas rurales, el mismo que transmiten a sus estudiantes vemos que el sistema de educación avanza hacia el colapso. Sinceramente extiendo este pesimismo a las comunas más pobres de las zonas urbanas, donde no existen las herramientas suficientes para los estudiantes.

Haciendo la analogía con la región metropolitana, gracias a un preu popular que ayudé a construir hace dos años conocí estudiantes de San Bernardo, La Pintana y El Bosque; percibiendo el mismo pesimismo con contadas excepciones de chicos  extrovertidos y en general  que tenían mayores recursos. Lo que me demuestra lo que todos conocemos y la forma en que el sistema educacional segrega.

En el caso de Paredones, los estudiantes terminan generalmente sembrando en los huertos de sus padres, de pescadores, trabajando en apicultura o  en las forestales con sueldos muy bajos y destruyendo el suelo en que viven.  En Santiago terminan en las drogas, muchas veces cesantes o sirviendo como fuerza de trabajo poco especializada, de baja calidad y a muy bajo costo.

Fuera del debate de financiamiento para la educación, me queda claro que también es importante dar el debate en torno al sistema educativo; para mi es indispensable pensar un sistema que se adecue al contexto e idiosincrasia nacional, que piense en la comunidad  y que potencie el trabajo colaborativo y en equipo.

YM


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